Saltar al contenido
← Blog

5 de octubre de 2026

El esfuerzo invisible

¿Cuántas cosas haces porque realmente quieres y cuántas porque has aprendido que así debes ser? ¿Te has planteado alguna vez el desgaste de energía que esto supone?

Hablo del esfuerzo que hacemos para ser lo que creemos que debemos ser, desde aquello que supuestamente se espera de nosotros.

Cuando hacemos esto, nos situamos en centros externos que vienen reforzados por el reconocimiento ajeno, dándonos una sensación de éxito y seguridad, pero la mayoría de las veces sacrificamos nuestro propio instinto, nuestra propia naturaleza, para cumplir con ese papel.

Las normalizaciones al uso van cargándose nuestras singularidades y nos catapultan hacia estereotipos de éxito. Entonces aparece una contradicción que, para mí, merece la pena observar: ¿por qué tantas personas, después de conseguir esos estándares que se supone que deberían hacerlas felices, siguen siendo desdichadas, sintiendo que algo les falta, durmiendo mal o luchando con su ansiedad? Lo que ocurre es que están más pendientes de la galería que de sí mismas, del aplauso que de su propia gratificación, de la comparación y la medida que de sus aptitudes, desconectadas de esos dones innatos que las hacen ricas en matices.

Esto nos mantiene internamente fragmentados, en lucha entre lo que soy y lo que debo ser, y nos sumerge en la farsa del control. Tiene un alto costo para nuestra salud porque implica renuncia, pero también mucha frustración que acabamos disfrazando de resignación y que nos resta poder personal. Aunque en ocasiones, desde el ego, nos mostremos poderosos, no nos lo sentimos; forma parte del disfraz y, de puertas adentro, nos conduce al vacío existencial. Por eso resulta agotador vivir en el mundo de las apariencias, sosteniendo una imagen que cada vez necesita más energía para mantenerse. Entonces vivimos desalineados entre lo que pensamos, expresamos y hacemos, y entre lo que sentimos, manifestamos y creamos. Y cuanto mayor es la distancia entre estas partes de nosotros, mayor es el sentimiento de separación.

Quizá por eso hay personas que aparentemente pueden con todo y, sin embargo, viven insatisfechas. Personas que saben responder, resolver, sostener, anticiparse, agradar, cumplir y demostrar, pero que han perdido el contacto con una pregunta mucho más sencilla: ¿qué es lo que realmente quiero yo?

En Habitando el Cuerpo trabajamos precisamente en ese lugar: en localizar los puntos de roce y de fractura, allí donde lo que pensamos, sentimos y hacemos ha dejado de estar alineado. No para construir una nueva versión de nosotros mismos que sea todavía más eficaz, más fuerte o más perfecta, sino para empezar a recuperar la conexión con aquello que ya está ahí y que, quizá, hemos ido dejando de escuchar. Porque cuando hablamos de poder personal no me refiero a esa imagen de fortaleza que tantas veces nos venden, sino a algo mucho más íntimo: a poder estar en nosotros mismos, reconocernos, confiar en nuestra percepción y recuperar la capacidad de elegir desde ahí. Allí descubrirás herramientas que permiten acercarte a todo esto desde una perspectiva diferente. Te contaré qué hay detrás de algunos comportamientos que quizá hayas normalizado y cómo podemos observarlos desde el cuerpo.

Cada vez que te posicionas en el control estás gastando tierra interna. Quizá te preguntes qué significa esto. La visión desde la que baso este análisis me la proporcionan, entre otras herramientas, la medicina tradicional china y el barómetro del comportamiento de la kinesiología holística. Desde ahí podemos observar determinados comportamientos cotidianos y preguntarnos qué necesidad interna puede estar sosteniéndolos. Por ejemplo, el deseo de agradar y el anticiparse constantemente pueden nacer de sentir que debemos ganarnos nuestro lugar en el grupo de referencia, ya sea la familia o ese grupo social al que aspiramos a pertenecer. La necesidad de demostrar, de sostener, de poder con todo puede nacer de un sentimiento muy profundo: «si soy útil, me querrán», de tener que hacernos merecedores de nuestro lugar. No molestar puede llevarnos hasta aquel niño que evitaba dar trabajo a sus padres, que rehuía el conflicto y que aprendió demasiado pronto a responsabilizarse de sí mismo.

Y estas formas de estar en el mundo acaban convirtiéndose en control para sostener, en apegos, en identidad e inercia.

Mirándolo desde aquí, podrías responder a esta pregunta:

¿Cuánto esfuerzo te cuesta ser quien crees que tienes que ser?

Quizá el esfuerzo invisible no sea solamente todo aquello que haces, sino también todo aquello que tienes que sostener para seguir siendo la persona que crees que los demás esperan que seas. Ahí es donde empieza, para mí, el habitar el cuerpo: no en conseguir controlar mejor lo que nos sucede, sino en comenzar a reconocer qué estamos sosteniendo, qué hemos aprendido a hacer para pertenecer y qué parte de todo eso ya podemos soltar. Porque cuando dejamos de gastar tanta energía en demostrar quién creemos que debemos ser, aparece espacio para descubrir quiénes somos. Desde ahí podemos empezar a preguntarnos qué esperamos realmente de nosotros mismos, qué nos realiza y qué nos hace sentir vivos.

De eso va Habitando el Cuerpo: de volver a ese lugar propio desde el que podemos sentir, elegir y crear nuestra vida con mayor coherencia.

Tres sábados —10, 17 y 24 de octubre— en Badalona, en grupo reducido

Toda la información, aquí: https://habitandoelcuerpo.inesfondevila.com/

¿Resuenas con lo que has leído?

Escríbeme y vemos juntas cómo empezar

Puedes contarme por WhatsApp qué te está pasando y valoramos una primera sesión.

Taller presencial Habitando el cuerpo · octubre, sábados 10, 17 y 24 · Badalona

Inscríbete al taller