Saltar al contenido
← Blog

6 de agosto de 2026

¿Cómo nació esta forma de acompañar?

Formarme como terapeuta me llevó, primero, a entenderme a mí misma; a descubrirme y a descubrir que había mucho más de lo que nos habían contado.

Llegué a sentir que somos mucho más de lo que creemos ser. Que la vida no termina en lo que vemos ni en lo que nos ocurre y que, con demasiada frecuencia, acabamos identificándonos con un papel que nunca llegamos a elegir del todo.

Durante diez años compaginé mi trabajo en los servicios sociales con el estudio de diferentes técnicas de masaje y kinesiología holística.

Al principio buscaba ampliar mis posibilidades profesionales. No imaginaba que aquel aprendizaje acabaría transformando mi visión del mundo y mi percepción de la vida. Unos años antes, una enfermedad trasmitida por el ganado ovino había supuesto un gran giro en mi vida. Ya no podía seguir trabajando con las ovejas y mi cuerpo había quedado muy tocado después de tres recidivas.

Aquello fue determinante para que, durante el año sabático propuesto por mis médicos, me decidiera a cumplir uno de mis anhelos: formarme como masajista y abrirme a un nuevo ámbito profesional.

Y, de nuevo, llegó la cuarta recidiva. Pero, en esta ocasión, estaba acompañada por un médico naturista, acupuntor y por un hipnólogo especialista en caracterología clínica. Ellos me mostraron una nueva panorámica y una forma de afrontar la enfermedad muy distinta de la que hasta entonces me había ofrecido la medicina alopática o convencional.

¿Qué descubrí sobre el ser humano que nunca habría aprendido si no hubiera enfermado?

Aquel cambio de mirada transformó mi paradigma. Ya no estudiaba solo por curiosidad o por formarme. Buscaba comprender lo que estaba ocurriendo en mi propio cuerpo. Necesitaba encontrar respuestas allí donde la medicina convencional no alcanzaba a explicarlas por completo.

Poco a poco fui tomando conciencia de que todo nos afecta y, a su vez, lo afectamos todo; de la importancia del acto consciente y del entorno.

Comprendí que el dolor rara vez llega solo. Que detrás de una contractura suele haber una historia. Que detrás del agotamiento suele haber una forma de vivir desde expectativas ajenas. Que detrás de muchos síntomas existe una conversación pendiente con uno mismo, una desconexión, una herida o una baja autoestima que pide ser escuchada.

Sin darme casi cuenta fui formándome y, al mismo tiempo, conformando una manera de abordar las dolencias ajenas desde una visión holística y con una capacidad de empatía que se había agudizado a través de mi propio proceso.

En muchos casos, el problema o la molestia que la persona sobre la camilla refería me hacía pensar, o mejor dicho sentir:

"Por aquí ya he pasado."

Aquello activaba todos los recursos que había utilizado para afrontarlo y todas las herramientas que había ido incorporando a lo largo del camino, poniéndolas al servicio de la persona que tenía delante. No era un diagnóstico; era el reconocimiento de un proceso, de un territorio. Y, desde ese reconocimiento, podía ofrecer un mapa, unas pautas para recorrerlo, atravesarlo y, finalmente, trascenderlo.

Con el tiempo entendí que mi trabajo no consistía únicamente en aplicar técnicas. Consistía en poner al servicio de otra persona todo lo aprendido, tanto en los libros como en la vida. Quizá por eso nunca he podido separar la técnica de la escucha, ni el síntoma de la historia que lo acompaña. Para mí, acompañar es brindar un espacio de amparo. Un lugar donde la persona pueda sentirse escuchada, acogida y reconocida cuando se encuentra perdida, sin opciones o desconectada de sí misma.

No se trata de resolver su camino ni de recorrerlo por ella, sino de ofrecer un lugar seguro desde el que volver a ponerse en pie. Un espacio donde el tacto y la escucha favorezcan la reconexión con sus propios recursos, amplíen su mirada y le permitan descubrir caminos que quizá no alcanzaba a ver.

Porque, antes de acompañar procesos, los transité… y sigo transitando los míos.

"Quizá por esto no entiendo la terapia como un lugar al que acudir para que alguien nos salve, sino como un espacio de amparo desde el que volver a encontrarnos con nosotros mismos."

¿Resuenas con lo que has leído?

Escríbeme y vemos juntas cómo empezar

Puedes contarme por WhatsApp qué te está pasando y valoramos una primera sesión.

Reservar cita por WhatsApp